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BEYES
BEYES
Ceramic Manifestation
2026
High-fired glazed ceramic
Hand-modelled
29.5 cm / 11.6 in
Unique work
Certificate of authenticity included
Beyes emerge de una zona interior de Monstrarium Vivens, un territorio que existe en la distancia mínima entre mirar y quedar expuesto a una mirada. Habita dentro de cada uno, caminando por la sombra de nuestras vulnerabilidades, entre aquello que conocemos de nosotros mismos y aquello que preferimos mantener fuera del alcance de los demás. Su territorio aparece en habitaciones, calles, multitudes, reflejos y espacios aparentemente comunes. Cualquier lugar puede pertenecerle cuando sentimos que alguien ha comenzado a ver demasiado.
Beyes tiene una configuración extraña. Una cabeza enorme domina un cuerpo pequeño vestido de rojo. Su proporción parece imponerle una carga constante y, aun así, se desplaza con ella. Hay algo frágil en su presencia. Camina sin ocupar demasiado espacio y puede permanecer durante largos periodos dentro de una persona sin hacerse evidente. Su existencia se vuelve perceptible cuando cambia nuestra relación con la mirada ajena.
Beyes no observa el mundo. Aparece cuando somos observados.
Ese momento determina su naturaleza. Una mirada puede detenerse sobre la superficie y desaparecer sin consecuencias. Otras consiguen avanzar. Encuentran una fisura, reconocen un gesto, descubren una contradicción, permanecen un segundo más de lo previsto. Beyes surge precisamente ahí, cuando aparece la sospecha de que alguien puede alcanzar aquello que cuidadosamente hemos aprendido a proteger.
Beyes encarna el miedo a ver más adentro y a ser visto más allá.
Ambas direcciones pertenecen al mismo territorio. Mirar hacia dentro implica acercarse a partes propias que pueden resultar difíciles de sostener. Permitir que otra persona llegue hasta ellas introduce un peligro distinto. Ser visto profundamente significa perder cierto control sobre la versión de nosotros mismos que entregamos al exterior. Lo oculto puede adquirir presencia ante alguien más y ya no depende enteramente de nosotros volver a guardarlo.
Por eso Beyes vive entre vulnerabilidades. Conoce los lugares donde acumulamos vergüenza, deseo, inseguridad, contradicciones, recuerdos y pequeñas verdades que rara vez permanecen juntas bajo la luz. Se desplaza por esas zonas sin necesidad de modificarlas. Su existencia comienza con la posibilidad de que sean descubiertas.
Su mundo cambia constantemente porque depende de quien lo contiene. Puede extenderse detrás de una puerta cerrada, aparecer en medio de una conversación o acompañar a alguien dentro de una habitación llena de personas. Hay momentos en los que desaparece durante meses. Después basta una mirada precisa para devolverle toda su presencia.
Dentro de Monstrarium Vivens, Beyes ha atravesado distintas formaciones. Apareció primero sobre papel mediante la acuarela y posteriormente adquirió cuerpo en la cerámica. Su configuración conserva esa desproporción que lo define y que hace visible el peso de aquello que carga.
Beyes continúa viviendo dentro de cada uno. A veces permanece tan profundo que olvidamos que existe. Vuelve cuando alguien se acerca demasiado a aquello que creíamos oculto y sentimos, durante un instante, que nuestra superficie ha dejado de protegernos.
ENGLISH:
Beyes emerges from an inner region of Monstrarium Vivens, a territory that exists in the narrow distance between looking and becoming exposed to a gaze. It inhabits each of us, moving through the shadow of our vulnerabilities, between what we know about ourselves and what we would rather keep beyond the reach of others. Its territory appears in rooms, streets, crowds, reflections, and seemingly ordinary spaces. Any place can belong to Beyes when we feel that someone has begun to see too much.
Beyes has a strange configuration. An enormous head dominates a small body dressed in red. Its proportions seem to impose a constant burden on it, and yet it moves with that weight. There is something fragile in its presence. It walks without taking up much space and can remain inside a person for long periods without becoming apparent. Its existence becomes perceptible when our relationship with another person’s gaze begins to change.
Beyes does not observe the world. It appears when we are observed.
That moment determines its nature. A gaze can remain on the surface and disappear without consequence. Others manage to go further. They find a crack, recognize a gesture, discover a contradiction, linger a second longer than expected. Beyes emerges precisely there, when the suspicion appears that someone may reach what we have carefully learned to protect.
Beyes embodies the fear of looking further within and of being seen beyond.
Both directions belong to the same territory. Looking inward means approaching parts of ourselves that can be difficult to hold. Allowing another person to reach them introduces a different danger. To be seen deeply means losing some control over the version of ourselves we present to the outside world. What was hidden can acquire a presence before someone else, and returning it to concealment no longer depends entirely on us.
This is why Beyes lives among vulnerabilities. It knows the places where we accumulate shame, desire, insecurity, contradictions, memories, and small truths that rarely remain together under the light. It moves through those areas without needing to alter them. Its existence begins with the possibility that they may be discovered.
Its world changes constantly because it depends on the person who contains it. It can extend behind a closed door, appear in the middle of a conversation, or accompany someone inside a room full of people. There are times when it disappears for months. Then a single precise look is enough to restore its full presence.
Within Monstrarium Vivens, Beyes has passed through different formations. It first appeared on paper through watercolor and later acquired a body in ceramic. Its configuration preserves the disproportion that defines it and makes visible the weight of what it carries.
Beyes continues to live inside each of us. Sometimes it remains so deep that we forget it exists. It returns when someone comes too close to what we believed was hidden and, for an instant, we feel that our surface has stopped protecting us.
BEYES
Ceramic Manifestation
2026
High-fired glazed ceramic
Hand-modelled
29.5 cm / 11.6 in
Unique work
Certificate of authenticity included
Beyes emerge de una zona interior de Monstrarium Vivens, un territorio que existe en la distancia mínima entre mirar y quedar expuesto a una mirada. Habita dentro de cada uno, caminando por la sombra de nuestras vulnerabilidades, entre aquello que conocemos de nosotros mismos y aquello que preferimos mantener fuera del alcance de los demás. Su territorio aparece en habitaciones, calles, multitudes, reflejos y espacios aparentemente comunes. Cualquier lugar puede pertenecerle cuando sentimos que alguien ha comenzado a ver demasiado.
Beyes tiene una configuración extraña. Una cabeza enorme domina un cuerpo pequeño vestido de rojo. Su proporción parece imponerle una carga constante y, aun así, se desplaza con ella. Hay algo frágil en su presencia. Camina sin ocupar demasiado espacio y puede permanecer durante largos periodos dentro de una persona sin hacerse evidente. Su existencia se vuelve perceptible cuando cambia nuestra relación con la mirada ajena.
Beyes no observa el mundo. Aparece cuando somos observados.
Ese momento determina su naturaleza. Una mirada puede detenerse sobre la superficie y desaparecer sin consecuencias. Otras consiguen avanzar. Encuentran una fisura, reconocen un gesto, descubren una contradicción, permanecen un segundo más de lo previsto. Beyes surge precisamente ahí, cuando aparece la sospecha de que alguien puede alcanzar aquello que cuidadosamente hemos aprendido a proteger.
Beyes encarna el miedo a ver más adentro y a ser visto más allá.
Ambas direcciones pertenecen al mismo territorio. Mirar hacia dentro implica acercarse a partes propias que pueden resultar difíciles de sostener. Permitir que otra persona llegue hasta ellas introduce un peligro distinto. Ser visto profundamente significa perder cierto control sobre la versión de nosotros mismos que entregamos al exterior. Lo oculto puede adquirir presencia ante alguien más y ya no depende enteramente de nosotros volver a guardarlo.
Por eso Beyes vive entre vulnerabilidades. Conoce los lugares donde acumulamos vergüenza, deseo, inseguridad, contradicciones, recuerdos y pequeñas verdades que rara vez permanecen juntas bajo la luz. Se desplaza por esas zonas sin necesidad de modificarlas. Su existencia comienza con la posibilidad de que sean descubiertas.
Su mundo cambia constantemente porque depende de quien lo contiene. Puede extenderse detrás de una puerta cerrada, aparecer en medio de una conversación o acompañar a alguien dentro de una habitación llena de personas. Hay momentos en los que desaparece durante meses. Después basta una mirada precisa para devolverle toda su presencia.
Dentro de Monstrarium Vivens, Beyes ha atravesado distintas formaciones. Apareció primero sobre papel mediante la acuarela y posteriormente adquirió cuerpo en la cerámica. Su configuración conserva esa desproporción que lo define y que hace visible el peso de aquello que carga.
Beyes continúa viviendo dentro de cada uno. A veces permanece tan profundo que olvidamos que existe. Vuelve cuando alguien se acerca demasiado a aquello que creíamos oculto y sentimos, durante un instante, que nuestra superficie ha dejado de protegernos.
ENGLISH:
Beyes emerges from an inner region of Monstrarium Vivens, a territory that exists in the narrow distance between looking and becoming exposed to a gaze. It inhabits each of us, moving through the shadow of our vulnerabilities, between what we know about ourselves and what we would rather keep beyond the reach of others. Its territory appears in rooms, streets, crowds, reflections, and seemingly ordinary spaces. Any place can belong to Beyes when we feel that someone has begun to see too much.
Beyes has a strange configuration. An enormous head dominates a small body dressed in red. Its proportions seem to impose a constant burden on it, and yet it moves with that weight. There is something fragile in its presence. It walks without taking up much space and can remain inside a person for long periods without becoming apparent. Its existence becomes perceptible when our relationship with another person’s gaze begins to change.
Beyes does not observe the world. It appears when we are observed.
That moment determines its nature. A gaze can remain on the surface and disappear without consequence. Others manage to go further. They find a crack, recognize a gesture, discover a contradiction, linger a second longer than expected. Beyes emerges precisely there, when the suspicion appears that someone may reach what we have carefully learned to protect.
Beyes embodies the fear of looking further within and of being seen beyond.
Both directions belong to the same territory. Looking inward means approaching parts of ourselves that can be difficult to hold. Allowing another person to reach them introduces a different danger. To be seen deeply means losing some control over the version of ourselves we present to the outside world. What was hidden can acquire a presence before someone else, and returning it to concealment no longer depends entirely on us.
This is why Beyes lives among vulnerabilities. It knows the places where we accumulate shame, desire, insecurity, contradictions, memories, and small truths that rarely remain together under the light. It moves through those areas without needing to alter them. Its existence begins with the possibility that they may be discovered.
Its world changes constantly because it depends on the person who contains it. It can extend behind a closed door, appear in the middle of a conversation, or accompany someone inside a room full of people. There are times when it disappears for months. Then a single precise look is enough to restore its full presence.
Within Monstrarium Vivens, Beyes has passed through different formations. It first appeared on paper through watercolor and later acquired a body in ceramic. Its configuration preserves the disproportion that defines it and makes visible the weight of what it carries.
Beyes continues to live inside each of us. Sometimes it remains so deep that we forget it exists. It returns when someone comes too close to what we believed was hidden and, for an instant, we feel that our surface has stopped protecting us.