KORIM

MX$8,000.00

KORIM
Ceramic Manifestation
2026
mix High-fired glazed ceramic/ pastel, acrylic & varnish
Hand-modelled
14 cm / 5.5 in
Unique work
Certificate of authenticity included

Korim emerge de una zona de Monstrarium Vivens donde la luz apenas llega. Habita cerca del suelo, en un territorio de sombra persistente donde el aire parece haber ganado densidad y el tiempo ha perdido una dirección reconocible. Las distancias resultan difíciles de calcular allí. Las formas permanecen parcialmente ocultas y los límites del espacio se vuelven inciertos. Korim se desplaza dentro de esa penumbra como si conociera algo que la oscuridad impide ver a los demás.

Su cuerpo es compacto, irregular y pesado, sostenido por cuatro extremidades delgadas. Una prolongación de su propia forma cae sobre el lado derecho del rostro. Tiene un solo ojo abierto. Su mirada permanece alerta incluso cuando el resto del cuerpo está completamente quieto. Korim puede pasar largos periodos en el mismo sitio, observando aquello que alcanza a distinguir desde la profundidad de su territorio.

La quietud de Korim guarda una tensión constante. Hay algo delante de él que puede percibir, aunque nunca con suficiente claridad. Mira hacia donde la luz disminuye, espera y vuelve a mirar. Su mundo le permite reconocer fragmentos, contornos incompletos, movimientos cuya procedencia desconoce. Esa condición determina su manera de existir y contiene también el origen de su miedo.

Korim encarna el miedo a lo que permanece oculto.

Su miedo pertenece a aquello cuya presencia puede intuirse antes de ser comprendida. Algo está ahí, fuera del alcance de la mirada, y la falta de información permite que adquiera posibilidades innumerables. Korim conoce la diferencia entre la ausencia y aquello que simplemente todavía no puede ver. Es precisamente esa segunda posibilidad la que mantiene abierto su ojo.

La oscuridad que lo rodea amplifica esa incertidumbre. Un límite apenas visible puede continuar más allá de donde termina la mirada. Una forma inmóvil puede contener algo desconocido. Una distancia corta puede esconder una profundidad inesperada. Korim permanece atento porque nunca dispone de información suficiente para cerrar por completo una posibilidad.

Su territorio reproduce esa misma condición. La luz revela únicamente pequeñas partes y obliga a reconstruir mentalmente todo lo demás. Korim vive dentro de ese margen incompleto, rodeado por cosas que existen sin ofrecerse enteras a la percepción. Allí, mirar durante más tiempo tampoco garantiza comprender mejor.

Por eso su único ojo resulta fundamental. Permanece abierto como un mecanismo de vigilancia frente a aquello que todavía carece de forma precisa. Korim observa porque necesita saber qué ocupa la oscuridad, aunque sabe que mirar no siempre produce una respuesta.

Dentro de Monstrarium Vivens, Korim ha encontrado distintas formaciones. Surgió sobre papel mediante la acuarela, adquirió volumen en la cerámica y posteriormente pasó a la plata como broche. El pigmento, la tierra y el metal modifican su peso, superficie y temperatura. Su configuración persiste durante el tránsito.

Korim continúa donde la luz apenas alcanza. Cerca del suelo, dentro del aire denso, mantiene abierto su único ojo. Frente a él permanece una parte del mundo que todavía no puede conocer.

KORIM
Ceramic Manifestation
2026
mix High-fired glazed ceramic/ pastel, acrylic & varnish
Hand-modelled
14 cm / 5.5 in
Unique work
Certificate of authenticity included

Korim emerge de una zona de Monstrarium Vivens donde la luz apenas llega. Habita cerca del suelo, en un territorio de sombra persistente donde el aire parece haber ganado densidad y el tiempo ha perdido una dirección reconocible. Las distancias resultan difíciles de calcular allí. Las formas permanecen parcialmente ocultas y los límites del espacio se vuelven inciertos. Korim se desplaza dentro de esa penumbra como si conociera algo que la oscuridad impide ver a los demás.

Su cuerpo es compacto, irregular y pesado, sostenido por cuatro extremidades delgadas. Una prolongación de su propia forma cae sobre el lado derecho del rostro. Tiene un solo ojo abierto. Su mirada permanece alerta incluso cuando el resto del cuerpo está completamente quieto. Korim puede pasar largos periodos en el mismo sitio, observando aquello que alcanza a distinguir desde la profundidad de su territorio.

La quietud de Korim guarda una tensión constante. Hay algo delante de él que puede percibir, aunque nunca con suficiente claridad. Mira hacia donde la luz disminuye, espera y vuelve a mirar. Su mundo le permite reconocer fragmentos, contornos incompletos, movimientos cuya procedencia desconoce. Esa condición determina su manera de existir y contiene también el origen de su miedo.

Korim encarna el miedo a lo que permanece oculto.

Su miedo pertenece a aquello cuya presencia puede intuirse antes de ser comprendida. Algo está ahí, fuera del alcance de la mirada, y la falta de información permite que adquiera posibilidades innumerables. Korim conoce la diferencia entre la ausencia y aquello que simplemente todavía no puede ver. Es precisamente esa segunda posibilidad la que mantiene abierto su ojo.

La oscuridad que lo rodea amplifica esa incertidumbre. Un límite apenas visible puede continuar más allá de donde termina la mirada. Una forma inmóvil puede contener algo desconocido. Una distancia corta puede esconder una profundidad inesperada. Korim permanece atento porque nunca dispone de información suficiente para cerrar por completo una posibilidad.

Su territorio reproduce esa misma condición. La luz revela únicamente pequeñas partes y obliga a reconstruir mentalmente todo lo demás. Korim vive dentro de ese margen incompleto, rodeado por cosas que existen sin ofrecerse enteras a la percepción. Allí, mirar durante más tiempo tampoco garantiza comprender mejor.

Por eso su único ojo resulta fundamental. Permanece abierto como un mecanismo de vigilancia frente a aquello que todavía carece de forma precisa. Korim observa porque necesita saber qué ocupa la oscuridad, aunque sabe que mirar no siempre produce una respuesta.

Dentro de Monstrarium Vivens, Korim ha encontrado distintas formaciones. Surgió sobre papel mediante la acuarela, adquirió volumen en la cerámica y posteriormente pasó a la plata como broche. El pigmento, la tierra y el metal modifican su peso, superficie y temperatura. Su configuración persiste durante el tránsito.

Korim continúa donde la luz apenas alcanza. Cerca del suelo, dentro del aire denso, mantiene abierto su único ojo. Frente a él permanece una parte del mundo que todavía no puede conocer.